Las benzodiacepinas y sus análogos, los agonistas del receptor de benzodiacepinas o
"fármacos Z", son medicamentos psicotrópicos ampliamente prescritos para el alivio agudo
de la ansiedad y el insomnio. Aunque ofrecen una rápida respuesta sintomática y un bajo
coste, las guías de práctica clínica e indicaciones internacionales enfatizan que su uso debe ser de corta duración, fijando un límite máximo de dos a cuatro semanas debido a que su
eficacia disminuye a largo plazo y sus riesgos superan los beneficios. A pesar de estas
recomendaciones, en la práctica asistencial se produce una inercia prescritora que prolonga
el tratamiento durante meses o años en cerca de la mitad de los usuarios. Ante esta
realidad, la desprescripción surge como un proceso planificado, estructurado y supervisado
por profesionales sanitarios para la reducción gradual o la interrupción de medicamentos
potencialmente inadecuados, buscando ponderar la relación riesgo-beneficio y mejorar la
calidad de vida del paciente.
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