Las quemaduras constituyen una de las formas más complejas de trauma, con un impacto significativo en la morbilidad y mortalidad a nivel global, especialmente en países de ingresos bajos y medios. Se caracterizan por una lesión tisular causada por la transferencia de energía, siendo las térmicas las más frecuentes. La gravedad depende de factores como la extensión, profundidad y condiciones del paciente. Estas lesiones desencadenan una respuesta inflamatoria sistémica que puede evolucionar hacia complicaciones graves, incluyendo shock, infecciones y disfunción multiorgánica. La correcta clasificación y valoración inicial resultan fundamentales para orientar el manejo clínico. El tratamiento se basa en una intervención precoz centrada en la estabilización hemodinámica, el control de la vía aérea, la reposición de fluidos y el manejo del dolor. Asimismo, el abordaje multidisciplinar es clave para mejorar los resultados clínicos. La Atención Primaria desempeña un papel esencial en la detección, manejo inicial y derivación oportuna. En conjunto, una actuación precoz y protocolizada permite optimizar el pronóstico y reducir las complicaciones asociadas.
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