El manejo de la diabetes mellitus se ha modificado a lo largo de los últimos años, gracias a la aparición de tratamientos cada vez más eficaces. Actualmente, ya no se trata solo de controlar la glucemia, sino de abordar al paciente desde un enfoque interseccional y global, teniendo en cuenta el riesgo cardiovascular y el riesgo renal, así como las comorbilidades de los pacientes y la mejora de la calidad de vida de estos. Debido a esto, las guías más recientes como la American Diabetes Association, insiste en la necesidad de individualizar el tratamiento y adaptarlo a las características de cada paciente. Además, en esta guía se da más importancia a una intervención precoz y a un enfoque multifactorial, que incluye tanto el tratamiento farmacológico, como los cambios en el estilo de vida y el control de otros factores de riesgo como la hipertensión o la dislipemia. En cuanto al tratamiento, fármacos como los inhibidores de SGLT2 y los agonistas del receptor GLP-1 han pasado a tener un papel protagonista, especialmente en pacientes con alto riesgo cardiovascular o enfermedad renal, más allá de los niveles de HbA1c. La metformina sigue siendo útil, aunque ya no es la única opción de inicio en pacientes con DM2. Por su parte, la insulinoterapia sigue siendo necesaria en muchos pacientes con DM2, sobre todo en fases más avanzadas o en situaciones de mal control, y requiere un manejo progresivo y adaptado para evitar complicaciones, como la hipoglucemia. En conjunto, todo esto refleja un cambio hacia un manejo más práctico, individualizado y centrado en el paciente.
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